Sant Ildefons, Fontsanta y Almeda: verificar en los barrios del boom de los 60-70
Buena parte del parque residencial de Cornellà nació en dos décadas frenéticas. Sant Ildefons, levantado desde los años sesenta para alojar a la ola migratoria que llegaba a trabajar a las fábricas del área metropolitana, es hoy un mar de bloques de gran altura; Fontsanta y Almeda completan ese cinturón de vivienda obrera densa, con manzanas construidas casi a la vez y con criterios urbanísticos de otra época. Comprar allí significa asomarse a fincas que han pasado por décadas de reformas, subdivisiones y sucesivos cambios de propietario.
En pisos de esa generación, la nota simple es la vía más directa para saber si una ampliación de terraza, la segregación de una vivienda o un local transformado en piso llegó a inscribirse, o si sigue siendo una obra de hecho sin reflejo registral. También destapa las cargas que arrastran las herencias antiguas: usufructos, hipotecas no canceladas del todo o embargos olvidados. En barrios donde cada inmueble ha cambiado de manos muchas veces, revisar el historial inscrito antes de las arras evita comprar el problema de tres propietarios atrás.